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martes, 4 de diciembre de 2012

Heaven is no close from a place like this.

Cuando llego a casa ya son las nueve de la noche, la escuela, el servicio social, los ensayos con el coro y las tareas escolares han forjado juntos un dia increiblemente cansado. Mi primera parada es el baño para lavarme la cara, eso es lo mas cercano a un baño que he tenido en los ultimos 3 dias se que no es una excusa valida pero el clima esta tan frio en esta epoca del año que uno nada mas no suda ni se ensucia, ademas, estoy seguro de que no soy el unico de mis compañeros que lleva varios dias asi. Mi segunda parada es por supuesto la cocina, abro el refrigerador y me encuentro un poco de jamon y un pan que por algun motivo meti ahi dentro lo cual fue un pesimo movimiento de mi parte pues ahora el pan esta increiblemente duro y a cada mordida amenaza con quebrarme los dientes, llevo los ultimos 3 dias comiendo de esta forma.

Me desnudo y me meto en las sabanas que tienen la asombrosa facultad de estar tibias en esta epoca del año a pesar de que se de sobremanera que el efecto es solo temporal y que me despertare echo bolita y temblando de frio a las 4 de la madrugada, estoy demasiado cansado como para levantarme de nuevo y ponerme algo mas aparte de los boxers con los que me propongo dormir y no falla, tan pronto acuesto mi cabeza en la pila de almohadas y cierro los ojos, justo cuando estoy por asir la mano extendida de aquel dios del sueño la voz me despierta y me pone en estado de alerta, la voz suena ronca, muy ronca, lo suficientemente ronca como para no poder distinguir si es un hombre o una mujer, la voz viene del interior del pequeño armario junto a mi cama, me pide que cierre las cortinas y le deje salir, no he vuelto a usar ese armario desde entonces.

A veces solo se dedica a hacerme preguntas, hoy me confiesa que fue el quien metio el pedazo de pan al refrigerador, nada mas oirlo empece a sentir nauseas.
A veces solamente silba la misma tonadita de siempre, una melodia un tanto compleja que he llegado a aprenderme, a veces oigo como rasca la puerta del cuarto vacio que uso como bodega cerrada con llave y me pide que entre, me confiesa que le ha quitado el seguro y que deberia ver lo que ha hecho con mis cosas, me promete que quedare sorprendido por la forma en que tiene todo perfectamente acomodado, no he vuelto a usar esa bodega tampoco.