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viernes, 22 de marzo de 2013

La anticipación tiene el habito de prepararte para la decepción.

El puñetazo en el estomago duele pero no es un dolor insoportable es mas bien del tipo de dolor extraño, de ese tipo de dolor cuya ausencia incluso llegas a extrañar, el segundo puñetazo en la boca me arroja la cabeza hacia atrás, veo como la sangre de mi labio y dientes partidos sale volando hacia mi cara en cámara lenta, no se porque, pero sonrío. Con todo,hasta ahora no he perdido el equilibrio, mi pie izquierdo se adelanta un poco, mi postura baja y entonces toda mi cadera gira y mi brazo que ahora mismo termina en un puño cuyos nudillos están bastante encallecidos, se extiende, todo es un solo movimiento automático, el plantar el pie izquierdo, el bajar la postura el girar la cadera y lanzar un puñetazo recto que se impacta seco en la quijada del adversario es un conjunto realizado de manera mecánica y casi inconsciente, ni siquiera me doy cuenta de que en ese lapso un puñetazo rival dirigido originalmente a mi pómulo derecho se estrella en mi oreja, ya no es divertido, a ese primer golpe en la quijada le siguen otros dos mas cada uno a puntos del cuerpo que el adversario tras recibir el inesperado puñetazo dejo desprotegidos; la nariz estalla y el contrincante se dobla cuando recibe el impacto en la boca del estomago.
 El daño no es del todo grave, se puede seguir luchando con la nariz rota y el golpe en la boca del estomago solo le ha sacado el aire, pero el sujeto se echa al suelo en posición fetal y se queda ahí sin moverse. Me recuerda a esa serpiente que cuando se encuentra con un depredador finge su propia muerte contorsionándose y echando un olor a carne putrefacta por la boca ¿Como se llamaba? Tenia que ver con cerdos, ¿Serpiente piel de cerdo? ¿Serpiente aroma de cerdo? Bueno, algo así.

El tipo yacía ahí y yo buscaba el diente que me había echo volar, sabia que aunque lo encontrase no podría volver a ponérmelo mágicamente pero los humanos tenemos una fascinación por ese tipo de cosas que no puede evitarse ¡Hocico de cerdo! ¡El nombre que buscaba era Serpiente hocico de cerdo!.

Me le acerque al sujeto y le dije:
-Me recuerdas a la serpiente hocico de cerdo. - El se movió un poco y me pregunto.
-¿Que es eso?.
-Pues, es una serpiente, que cuando ve a un depredador finge su muerte de una manera bastante teatral. - Dije y empece a explicarle que incluso tiene un órgano que emite un aroma a putrefacción.
-Ahh... - Respondió el sujeto aun en el suelo luego de mi explicación.
Aquella respuesta no me agrado del todo pero tuve que concederle que quizás la nariz rota le dolía mas de lo que yo suponía.
Finalmente encontré mi diente, una cosa amarillenta que no daba la impresión de encajar en el agujero que había dejado en mi boca, lo guarde en mi bolsillo, me despedí del sujeto aun en el suelo y le prometí que le llamaría una ambulancia. Aunque probablemente nunca le había dicho que no solía cumplir mis promesas.

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