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viernes, 22 de marzo de 2013

Sin titulo

Hace unos tres días una golondrina decidió hacer su nido en la ventana de mi baño, ayer descubrí que  incluso ya puso un huevo ahí, una cosa pequeñita, blanca y ovalada como una perla deforme depositada entre un montón de ramitas secas. Unas semanas antes de que la mamá golondrina se mudara ahí había un panal de avispas que por alguna razón no note hasta que se hubo convertido en una gran bola que albergaba a una docena de avispas adultas, tan pronto la note le prendí fuego y como justicia poética el baño se me lleno de cenizas.
El patio de atrás esta empezando a parecerse a una selva de nuevo, con el cambio de estación empieza el calor y las lluvias y las plantas adoran eso, ya no son solo hierbas las que crecen en mi jardín, también hay auténticos arboles que han crecido lo suficientemente altos como para albergar un montón de aves en los dos años y medio que llevo ocupando la casa.

El otro día me desperté a las 4:30 am con la sorpresa de que había un alacrán en la cabecera de mi cama haciendo cosas de alacrán como caminar y poner la cola en alto en posición de ataque lo cual nunca es buena idea cuando la persona que amenazas tiene una lata de insecticida en las manos.

La anticipación tiene el habito de prepararte para la decepción.

El puñetazo en el estomago duele pero no es un dolor insoportable es mas bien del tipo de dolor extraño, de ese tipo de dolor cuya ausencia incluso llegas a extrañar, el segundo puñetazo en la boca me arroja la cabeza hacia atrás, veo como la sangre de mi labio y dientes partidos sale volando hacia mi cara en cámara lenta, no se porque, pero sonrío. Con todo,hasta ahora no he perdido el equilibrio, mi pie izquierdo se adelanta un poco, mi postura baja y entonces toda mi cadera gira y mi brazo que ahora mismo termina en un puño cuyos nudillos están bastante encallecidos, se extiende, todo es un solo movimiento automático, el plantar el pie izquierdo, el bajar la postura el girar la cadera y lanzar un puñetazo recto que se impacta seco en la quijada del adversario es un conjunto realizado de manera mecánica y casi inconsciente, ni siquiera me doy cuenta de que en ese lapso un puñetazo rival dirigido originalmente a mi pómulo derecho se estrella en mi oreja, ya no es divertido, a ese primer golpe en la quijada le siguen otros dos mas cada uno a puntos del cuerpo que el adversario tras recibir el inesperado puñetazo dejo desprotegidos; la nariz estalla y el contrincante se dobla cuando recibe el impacto en la boca del estomago.
 El daño no es del todo grave, se puede seguir luchando con la nariz rota y el golpe en la boca del estomago solo le ha sacado el aire, pero el sujeto se echa al suelo en posición fetal y se queda ahí sin moverse. Me recuerda a esa serpiente que cuando se encuentra con un depredador finge su propia muerte contorsionándose y echando un olor a carne putrefacta por la boca ¿Como se llamaba? Tenia que ver con cerdos, ¿Serpiente piel de cerdo? ¿Serpiente aroma de cerdo? Bueno, algo así.

El tipo yacía ahí y yo buscaba el diente que me había echo volar, sabia que aunque lo encontrase no podría volver a ponérmelo mágicamente pero los humanos tenemos una fascinación por ese tipo de cosas que no puede evitarse ¡Hocico de cerdo! ¡El nombre que buscaba era Serpiente hocico de cerdo!.

Me le acerque al sujeto y le dije:
-Me recuerdas a la serpiente hocico de cerdo. - El se movió un poco y me pregunto.
-¿Que es eso?.
-Pues, es una serpiente, que cuando ve a un depredador finge su muerte de una manera bastante teatral. - Dije y empece a explicarle que incluso tiene un órgano que emite un aroma a putrefacción.
-Ahh... - Respondió el sujeto aun en el suelo luego de mi explicación.
Aquella respuesta no me agrado del todo pero tuve que concederle que quizás la nariz rota le dolía mas de lo que yo suponía.
Finalmente encontré mi diente, una cosa amarillenta que no daba la impresión de encajar en el agujero que había dejado en mi boca, lo guarde en mi bolsillo, me despedí del sujeto aun en el suelo y le prometí que le llamaría una ambulancia. Aunque probablemente nunca le había dicho que no solía cumplir mis promesas.

domingo, 17 de marzo de 2013

Levadura.

Ella era una mujer como decimos por acá "hecha y derecha" pero que por algún motivo que ella misma me explicó unas 100 veces pero que nunca logre entender del todo pesaba unos 200 o 250 gramos. Cuando salíamos, a veces alguna corriente de viento soplaba con mucha fuerza y entonces se aferraba al brazo que le ofrecía con tanta fuerza que sentía con cierto gozo el como me cortaba la circulación.

Siempre vestía simple pero con cierta extraña elegancia, casi siempre con sandalias, vestidos casi siempre con flores en colores opacos y nunca le vi mas adorno que una pulsera de perlas perfectamente blancas probablemente de fantasía en la muñeca izquierda. Me gustaban sus orejas, ella tenia unas orejas preciosas, no me atrevo a describirlas, siento que no podría hacerle justicia.
A veces me miraba con esos ojos suyos que eran como un manantial de agua imperturbable al fondo de una caverna desconocida y me recitaba con su vocecilla versos que ella misma se inventaba al hilo algunos mas malos que buenos debo reconocer, pero, cuando decía alguno especialmente malo simplemente arrugaba la nariz y entonces ambos nos a reíamos, tengo la sensación de que aunque ella compartía mi risa aquello la heria de cierta manera y nunca debí haberme dejado llevar por ese gesto, sin embargo aquellos momentos me hacían profundamente feliz y tengo la sensación de que ella a pesar de esa leve herida en el orgullo también lo era.

Aquellos eran días verdes como esmeraldas con destellos amarillos y azules de un millón de zafiros, cuando caminábamos por la ciudad ella se aferraba a mi y mi movilidad se reducía y me hacia feliz el sentir el calor de ese cuerpo de 200 o 250 gramos ligero como podría serlo un cuadernos donde hubiese apuntado mis pensamiento.

Y entonces un día, dejo de decirme versos, al salir a la calle ya no se aferraba mas a mi sino que se conformaba con tomar la punta de mi camisa a pesar de aquello permitía que el viento la amenazase con levantarla y llevarsela muy lejos.
Pasamos unas semanas de esa forma, hasta que un día, volvió a tomarme del brazo muy para mi sorpresa, me voltee a mirarla y me encontré de nuevo con esos ojos como manantiales tranquilos en el interior de una caverna, me sonrío y se soltó de pronto desapareciendo junto con la brisa.
No volví a verla de nuevo y se terminaron los días verdes amarillos y azules.

A veces después de la jornada sacudo la harina de mis manos y me detengo a contemplar hacia donde cae o se eleva esta en el viento solamente por que si, no abrigo ninguna esperanza de verla de nuevo así como nunca abrigue esperanza alguna de encontrarla en primer lugar, quizás así sea lo mejor. Mientras tanto, abro la puerta del horno y extraigo una bandeja repleta de pan.

jueves, 14 de marzo de 2013

tenganme paciencia