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miércoles, 28 de octubre de 2009

Chopin III

La chica dio media vuelta y se alejo sin mas.
El no se dio cuenta de que se marchaba; pues seguia aturdido por el brevisimo contacto de su mano. Para cuando reacciono, ella ya habia desaparecido.

Paciente como era, quedo esperandola en el mismo sitio anheloso de poder contemplar los grandes ojos, ligeramente rasgados de la que fuese su breve interlocutura. Espero dia tras dia, sin apenas moverse de su sitio preguntandose si apareceria derrepente, como quien regresa a un sitio tras darse cuenta que ha olvidado algo importante. O si los mejores intantes de su vida hasta ese momento fueron mero producto de su imaginacion inquieta.

Dormitaba cuando el sonido de pasos lo puso alerta; se incorporo del suelo donde descansaba y se acerco al punto de origen; expectante, alzo una mano para proteger sus propios ojos de la luz que llevaba dias sin ver.
-Bueno, y bien ¿Que hace un angel como tu, en un infierno como el mio?

sábado, 24 de octubre de 2009

Chopin II

-¿Chopin? ¿Así que te gusta la musica clasíca?.
-En realidad no. Solo me gusta Chopin.- tomo una pausa para pensar sus siguientes palabras y añadio. -Me gusta la sensacion que me provocan sus melodias, como mariposas en el estomago.
El viento dejo de soplar y sus cabellos cayeron victimas de la gravedad de nuevo, su pelo cubrio sus hombros y a el le parecio mucho mas hermosa de esa forma; Sin darse cuenta se acerco aun mas a ella y le tomo la mano. Si su mano era fria o tibia no sabria decirlo pues ella le aparto casi de inmediato.
Su rechazo fue como una puñalada, pero estaba demasiado fascinado como para preocuparse demasiado por ello. Esa herida empezaria a sangrarle unicamente una vez se encontrase a solas, cuando, mirando el techo oscuro de su habitacion, le asaltasen los pensamientos amargos que solo llegan cuando se es incapaz de dormir.

sábado, 17 de octubre de 2009

Chopin

- Bueno, y dime. ¿Que hace un angel como tú, en un infierno como el mio?
-¿Disculpa?. - pregunto la joven a su interlocutor. El viento movia sus cabellos dorados mientras hablaban, por lo que se los reacomodo detras de una oreja.
- Es de una cancion. ¿Que tipo de musica escuchas?.- mientras hablaba camino hacia ella; a cada paso el viento le hechaba el cabello a la cara, pero el no intento reacomodarselo. - o ¿No te gusta la musica?.- se detuvo a unos metros de ella, temiendo que su respuesta fuese afirmativa, de serlo, se daria cuenta de que no valdria la pena entablar conversacion con ella.
-Me gusta.- La respuesta le ilumino el rostro, de pronto la chica que tenia justo enfrente parecia mucho mas interesante. -Chopin, Chopin es mi favorito.- concluyo la joven luego de pensarselo un momento.

viernes, 16 de octubre de 2009

Ofelia


I
En las aguas profundas que acunan las estrellas,
blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostada en sus velos...
cuando tocan a muerte en el bosque lejano.

Hace ya miles de años que la pálida Ofelia
pasa, fantasma blanco por el gran río negro;
más de mil años ya que su suave locura
murmura su tonada en el aire nocturno.

El viento, cual corola, sus senos acaricia
y despliega, acunado, su velamen azul;
los sauces temblorosos lloran contra sus hombros
y por su frente en sueños, la espadaña se pliega.

Los rizados nenúfares suspiran a su lado,
mientras ella despierta, en el dormido aliso,
un nido del que surge un mínimo temblor...
y un canto, en oros, cae del cielo misterioso.

II
¡Oh tristísima Ofelia, bella como la nieve,
muerta cuando eras niña, llevada por el río!
Y es que los fríos vientos que caen de Noruega
te habían susurrado la adusta libertad.

Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena,
en tu mente traspuesta metió voces extrañas;
y es que tu corazón escuchaba el lamento
de la Naturaleza –son de árboles y noches.

Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo
rompió tu corazón manso y tierno de niña;
y es que un día de abril, un bello infante pálido,
un loco miserioso, a tus pies se sentó.

Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca! .
Te fundías en él como nieve en el fuego;
tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra.
–Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.

III
Y el poeta nos dice que en la noche estrellada
vienes a recoger las flores que cortaste ,
y que ha visto en el agua, recostada en sus velos,
a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis.

-Arthur Rimbaud-


domingo, 11 de octubre de 2009

Aire Frio

Rostros desconocidos,
con gestos de valiosa indiferencia,
enturbian el agua de los ojos
de figuras informes.

El ruido incesante
que martilla mis oídos,
acallas a las voces
que vomitan palabras vacías
y llaman a placeres obscenos.


Aquí, donde se esconde la vida
nacen flores marchitas, de ponzoñosas espinas
que devoran el éter pútrido,
las miradas opacas,
ocultan el llanto
de los corazones hambrientos.

El depredador atraído
abre sus fauces expectante.

lunes, 5 de octubre de 2009

Asesinato de Canarios

Los primeros recuerdos de mi vida me vienen de mis cada vez mas remotos 2 años. Recuerdo perfectamente la casa en la que vivía en aquella edad, las cosas que mis familiares me decían y las cosas que hacia.
Recuerdo caminar por un parque de la mano de mi padre bajo las sombras de los arboles, contemplando maravillado los rayos de sol que se colaban por entre las hojas verdes, imágenes que recuerdo con nostalgia e inspiran los sueños que se convierten en poesía secreta que muchas veces no alcanza su condición de inmortal en papel y muere como un pensamiento efímero mas.

¡Soy un soñador!, cuya suerte impide que sus sueños se vean influenciados por su vida diaria, y con la desfortuna de que su vida diaria no se ve influenciado por ellos.

Culpar a alguien es hiperactivo, yo, he elegido la vida que llevo, yo, soy quien dia a dia excava un agujero cada vez mas profundo, y la verdad, es que esto me hace feliz.
Soy el perfecto minero que se adentra cada vez mas profundo aun sabiendo que las emisiones de gas podrían matarlo en cualquier momento, y aun así regresa a su oficio embriagado por los destellos dorados del oro oculto.

Me aparte de los lugares envenenados y al hacerlo me aleje de los placeres fáciles; a cambio, conserve mi alma y escencia como persona.
Nadie dicta mi conducta, nadie escribe lo que digo o pienso.
Observe la naturaleza y aprendi de ella que en realidad no existen las cosas simples ni los momentos sin sentido...
siento lastima de los que se ríen de mi.

domingo, 4 de octubre de 2009

Estrellas Rojas. Agradable disonancia.

-Mis ropas tienen un pesado aroma a humo de cigarros que no fume. - se dijo a si mismo en voz alta sin detener su marcha; hablar solo, era una de sus muchas malas costumbres que había intentado de dejar, pero a la fecha no había tenido éxito en ello.

Acerco una de sus mangas a la nariz e inhalo con fuerza; en efecto, olía a cigarro. Detuvo su caminar e intento recordar de donde podría provenir ese aroma, el fumar, era de uno de sus muchos malos habitos que había conseguido dejar.

Mientras hacia memoria, una pesada gota de lluvia cayo al suelo junto a el, por lo que no solo reanudo la marcha si no que también la acelero con la esperanza de encontrar refugio antes de que la inminente lluvia cayese sobre el. No hubo andado mucho cuando las gotas aceleraron el ritmo de sus caídas, primero convertidas en un golpeteo rítmico al caer sobre el suelo, luego en relajante disonancia.

Alzo los brazos por encima de su cabeza en un intento de cubrirse de la lluvia, y su trote se convirtio en una carrera desesperada por encontrar techo. Recorrió las calles vacías a una velocidad que incluso a el le pareció ridícula, finalmente encontró una tienda de auto-servicio con las luces prendidas, abrió rápidamente la puerta y se metió.

Se tomo unos segundos para recuperarse; cuando hubo recuperado el aliento hecho una mirada alrededor, los estantes estaban llenos de todo tipo de comida chatarra cuyas envolturas tenían los colores mas brillantes que había visto en toda la noche. Dentro de la tienda, el dependiente dormía sobre el mostrador.
Se sirvió café del expendedor, dejo el dinero exacto junto al dependiente dormido sin despertarlo.
tomo asiento en una de las mesas, le dio unos sorbos al café quemandose la lengua en el primero. y lo puso a un lado. El cuerpo le dolía. Recargo la cabeza sobre sus brazos y se quedo dormido.
La lluvia había desvanecido la peste a cigarro.