domingo, 29 de marzo de 2020
jueves, 26 de marzo de 2020
So payaso, me tiemblan los pies.
Ella me mira a los ojos y dice una excusa a medio masticar, una cadenas de palabras dichas mas que nada por la presión de tener que responderme algo. No es su culpa, en estos casos usualmente quizás por evasión, en mi intento de poner distancia emocional suelo hacerme el tonto, al final ella ha acabado creyendo que lo soy.
Me limito a repetir parafraseando lo que acaba de decirme. Su rostro cambia, en su mirada un destello delata que sabe que su excusa no es creíble y ahora sus pupilas se abren expectantes. No entiendo porque, no tiene absolutamente nada que perder, nadie tiene absolutamente nada que perder. No hay una apuesta sobre la mesa, y a la baraja le faltaban naipes desde el inicio.
Puedo volver a hacerme el tonto,
aun tengo esa opción, y entonces todo podría seguir igual. Si nadie va a perder nada, tampoco hay nada que ganar.
Ya no podemos ganar nada - Le digo. - Y esto no es un tema individual.
Señalo su mentira y ahora todo esta destruido.
Ese "todo" del que hablo era pequeño, pero era bonito.
Sea como sea, ese "todo" es honestamente fácil de reconstruir así que el drama simplemente no vale la pena, puede que esto no sea mas que un tropezón en lo que sea.
Me preocupa a veces lo fácil que es reconstruir.
Me limito a repetir parafraseando lo que acaba de decirme. Su rostro cambia, en su mirada un destello delata que sabe que su excusa no es creíble y ahora sus pupilas se abren expectantes. No entiendo porque, no tiene absolutamente nada que perder, nadie tiene absolutamente nada que perder. No hay una apuesta sobre la mesa, y a la baraja le faltaban naipes desde el inicio.
Puedo volver a hacerme el tonto,
aun tengo esa opción, y entonces todo podría seguir igual. Si nadie va a perder nada, tampoco hay nada que ganar.
Ya no podemos ganar nada - Le digo. - Y esto no es un tema individual.
Señalo su mentira y ahora todo esta destruido.
Ese "todo" del que hablo era pequeño, pero era bonito.
Sea como sea, ese "todo" es honestamente fácil de reconstruir así que el drama simplemente no vale la pena, puede que esto no sea mas que un tropezón en lo que sea.
Me preocupa a veces lo fácil que es reconstruir.
martes, 24 de marzo de 2020
El buho azul II
La recepcionista del lugar, me hizo callar con un gesto justo cuando estaba por decirle mi nombre y me indico con un dedo que caminara por el pasillo a su derecha y tocase la puerta.
Sobre la puerta, en una placa dorada decía:
Sobre la puerta, en una placa dorada decía:
Sroka Zwyczajna
Santo patron de las causas perdidas
Llamé seis o siete veces a la puerta pero no hubo respuesta. Desde su pequeño escritorio, la recepcionista se limitaba a seguir mis movimientos de manera atenta, sin apartar mis ojos de ella tome la perilla con una mano y empece a girarla lentamente esperando en parte que la recepcionista se opusiera a ello de alguna manera o me mirase a modo de regaño por abrirla sin que me hubieran invitado a pasar, pero la recepcionista ni siquiera parpadeó ni hizo algún otro gesto. Cuando hube abierto la puerta por completo volvió a sus actividades y dejo de prestarme atención.
El interior del despacho estaba tapizado con una alfombra verde botella muy vieja pero limpia y las paredes estaban pintadas de azul cielo. El despacho era bastante pequeño y tenia en el centro un escritorio cuyas dimensiones hacían imposible pensar que pudiera haber entrado por la misma puerta que yo había cruzado apenas unos instantes antes, frente al escritorio había una silla de plástico de esas que tienen el color y el logotipo de una marca de refresco y tras de si se encontraba sentado un sujeto de unos 165 centímetros de alto, cabello chino muy esponjado y por debajo de un par de cejas muy pobladas dos cuencas de ojos hundidas en el cráneo, en las mejillas cicatrices de acné y una especie de cicatriz similar a un agujero en la izquierda.
-¿Señor Zwyczajna? -Pregunté.
-No, no, ni hablar -Respondió el - El señor Zwyczajna esta de vacaciones pero me pidió a mi personalmente que lo reemplazara mientras tanto. ¿En que le puedo servir? ¿Señor?
-Pernas - Respondí mientras pensaba si no seria mejor idea aguardar a que el Santo patrón de las causas perdidas regresara de sus vacaciones.
-Se lo que esta pensando señor Pernas, y le aseguro que todo esta bajo control. -Dijo mientras extraía de uno de los cajones de su escritorio una carpeta con mi nombre completo y un numero serial. -Esta buscando al buho azul ¿No es así?
-Y al pato gris - Respondí yo.
El interior del despacho estaba tapizado con una alfombra verde botella muy vieja pero limpia y las paredes estaban pintadas de azul cielo. El despacho era bastante pequeño y tenia en el centro un escritorio cuyas dimensiones hacían imposible pensar que pudiera haber entrado por la misma puerta que yo había cruzado apenas unos instantes antes, frente al escritorio había una silla de plástico de esas que tienen el color y el logotipo de una marca de refresco y tras de si se encontraba sentado un sujeto de unos 165 centímetros de alto, cabello chino muy esponjado y por debajo de un par de cejas muy pobladas dos cuencas de ojos hundidas en el cráneo, en las mejillas cicatrices de acné y una especie de cicatriz similar a un agujero en la izquierda.
-¿Señor Zwyczajna? -Pregunté.
-No, no, ni hablar -Respondió el - El señor Zwyczajna esta de vacaciones pero me pidió a mi personalmente que lo reemplazara mientras tanto. ¿En que le puedo servir? ¿Señor?
-Pernas - Respondí mientras pensaba si no seria mejor idea aguardar a que el Santo patrón de las causas perdidas regresara de sus vacaciones.
-Se lo que esta pensando señor Pernas, y le aseguro que todo esta bajo control. -Dijo mientras extraía de uno de los cajones de su escritorio una carpeta con mi nombre completo y un numero serial. -Esta buscando al buho azul ¿No es así?
-Y al pato gris - Respondí yo.
domingo, 22 de marzo de 2020
Resplandor crepuscular.
Hay una mano tibia sobre mi mano relativamente fría, por alguna razón mi temperatura corporal se mantiene por debajo últimamente pero esa diferencia en temperaturas hace que esta mano sobre mi mano se sienta bien, particularmente bien.
El aire huele a vainilla, a la vainilla de las velas encendidas (algunas de ellas solamente en mi consciencia) y a la vainilla de su propio perfume, le hago saber que su elección en aroma hará que recordarla me sea muy fácil, mi propia alcoba ahora mismo a mas de 2000 kilómetros de distancia tiene velas con esa mismo fragancia; y sonríe.
Esa sonrisa me hace quererla aun mas.
En consecuencia,
yo también sonrío.
Quiero abrazarla pero temo quedarme dormido,
al final la abrazo de todos modos.
El aire huele a vainilla, a la vainilla de las velas encendidas (algunas de ellas solamente en mi consciencia) y a la vainilla de su propio perfume, le hago saber que su elección en aroma hará que recordarla me sea muy fácil, mi propia alcoba ahora mismo a mas de 2000 kilómetros de distancia tiene velas con esa mismo fragancia; y sonríe.
Esa sonrisa me hace quererla aun mas.
En consecuencia,
yo también sonrío.
Quiero abrazarla pero temo quedarme dormido,
al final la abrazo de todos modos.
domingo, 10 de noviembre de 2019
Comatorium.
La voz de Cedric me cuenta historias sobre un mundo que no existe, lo hace gritando a veces como enojado, otras veces como alguien que pide auxilio, como alguien que se ahoga o alguien que sabe que esta a punto de ahogarse y no le importa la posibilidad de destrozarse las cuerdas vocales y acabar escupiendo sangre, grita como alguien que se sentiría orgulloso de ahogarse en su propia sangre con tal de contar su historia.
Y me siento absorbido.
Nada de esto existe pero se siente mas real que muchas cosas que hoy conforman mi vida.
Su voz golpea, y de cierta forma me despabila a tiempo para que la guitarra de Omar me haga sentir nostálgico unas veces y con ganas de soltar un puñetazo en otras, en algunas ocasiones la guitarra de Omar, chilla, chilla como el sonido que hace un globo cuando pellizas la boquilla y dejas salir el aire, el ruido de ese sujeto cuyo nombre es difícil de deletrear al darse cuenta que ahora ya no es humano pero antes de descubrir que le han brotado alas y puede volar.
Y me siento absorbido,
cuando acompañamos a nuestro protagonista en su caída libre hacia el pavimento donde juntos vamos a perder la vida en vano, dejando como único legado una mancha en el asfalto, una maldición emitida al cielo y el haber sido un inconveniente para los transeúntes y automovilistas que circulaban por ese puente peatonal.
Adios, nos vamos, sayounara, ya no creo que podamos volver a vernos.
A donde vamos ya nadie mas puede acceder.
Nada de esto existe pero se siente mas real que muchas cosas que hoy conforman mi vida.
Su voz golpea, y de cierta forma me despabila a tiempo para que la guitarra de Omar me haga sentir nostálgico unas veces y con ganas de soltar un puñetazo en otras, en algunas ocasiones la guitarra de Omar, chilla, chilla como el sonido que hace un globo cuando pellizas la boquilla y dejas salir el aire, el ruido de ese sujeto cuyo nombre es difícil de deletrear al darse cuenta que ahora ya no es humano pero antes de descubrir que le han brotado alas y puede volar.
Y me siento absorbido,
cuando acompañamos a nuestro protagonista en su caída libre hacia el pavimento donde juntos vamos a perder la vida en vano, dejando como único legado una mancha en el asfalto, una maldición emitida al cielo y el haber sido un inconveniente para los transeúntes y automovilistas que circulaban por ese puente peatonal.
Adios, nos vamos, sayounara, ya no creo que podamos volver a vernos.
A donde vamos ya nadie mas puede acceder.
La oruga
Era de noche y los faros de los automóviles que circulaban cada tanto sobre el asfalto nos echaban las luces en la cara lo que hacia que cada tanto frunciéramos el ceño. Cruzamos la calle en dirección al palacio; un poco mas allá había un grupo de personas sentadas sobre sillas rojas esperando a que alguien las sacase a bailar.
Ella caminaba medio paso por atrás de mi, cuando balanceaba los brazos para caminar, su mano; la única mano en el mundo que quería sostener rozaba con la mía.
Ella caminaba medio paso por atrás de mi, cuando balanceaba los brazos para caminar, su mano; la única mano en el mundo que quería sostener rozaba con la mía.
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