Como imaginaba la búsqueda a pie del lugar de la foto había sido del todo infructuosa pero de regreso a mi hogar pasé por el supermercado por lo que regrese cargado de bolsas de plástico con comida para toda la semana.
El reloj marcaba pocos minutos antes de las nueve de la noche. Había estado fuera poco mas de 3 horas y ahora el departamento estaba carente de toda luz natural por lo que encendí las luces y me metí a la cocina para acomodar las cosas dentro del refrigerador.
Estaba metiendo las verduras en el cajón que les corresponde cuando escuché cuatro fuertes golpes provenientes del congelador.
<Toc, toc, toc, toc>
Cerré el cajón y abrí la puerta del congelador, dentro estaba, con el cuerpo doblado como un contorsionista el sujeto de la caja, la manera en que su cuerpo rellenaba el pequeño espacio del congelador me recordó a la forma en la que el cuerpo de los caracoles llenan sus conchas en espiral.
El sujeto de la caja debía medir poco mas de un metro y setenta y cinco centímetros, no era especialmente alto pero era delgado en extremo lo que le brindaba el aspecto de un espantapájaros, sobre su cabeza una caja de cartón común y corriente con el logotipo de una empacadora de manzanas rojas le cubría completamente el rostro por lo que salvo unos cabellos negros y largos que sobresalían de esta era imposible discernir sus facciones.
-¿Puedo entrar? - Me preguntó de inmediato.
Lo observe un par de segundos mas antes de asentir con la cabeza e invitarlo a pasar con un gesto de la mano, había guardado un par de filetes en el congelador y me preguntaba si seguirían ahí.
El sujeto de la caja dejó caer su cuerpo al suelo lanzándose hacia delante y se levantó como lo haría una serpiente. Al moverse de esa forma daba la impresión de ser mucho mas alto de lo que realmente era.
-¿Me traes las pastillas?
El sujeto de la caja asintió, extrajo de su bolsillo derecho un puñado de pastillas de varios colores y las depositó sobre la barra de la cocina, las separó por color e hizo lo mismo con las pastillas del bolsillo izquierdo.
-Recuerdame de cuales querías por favor. - La voz del sujeto de la caja tenia algo que me hacia odiarla, no era una voz desagradable de ninguna manera, simplemente había algo en su forma de pronunciar, algo en su tono que me hacia odiarla. Un odio que acababa dirigiendo hacia su dueño y me hacia perder la compostura.
-Verdes. -dije seco.
-Verdes - Repitió el sujeto de la caja. - Tengo 6 verdes ahora mismo.
-Había pedido por lo menos 10.
-Ya - Aquello significaba que no iba a conseguir mas de el.
Tomé las pastillas y las puse en mi frasco después de quitarles las pelusas del bolsillo del sujeto de la caja.
Cuando me di la vuelta para encararlo de nuevo este ya se estaba metiendo de vuelta al congelador y cerraba la puerta tras de si.
Esperé unos segundos y abrí el congelador. Estaba vació, ni siquiera estaban mis filetes.
Tomar alguna de la pastillas verdes a esta altura resultaría un desperdicio y no me apetecía hablar con el suplente del santo patrón de la causas perdidas, así que guarde el frasco, me di un baño a consciencia y me metí a la cama, en la mesita de noche estaban las únicas pistas que poseía de momento y ninguna me decía demasiado en realidad, una pluma azul corta como de dos pulgadas de largo color azul brillante, tan brillante que los finos pelos que le componían parecían hechos de luz. Junto a la pluma la corcholata oxidada de un refresco de guayaba y por supuesto, la fotografía.
Ninguna de esas cosas tenia sentido por si misma y aun así todas apuntaban a un solo sujeto: El búho azul.
Si lograba atraparlo el pato gris seguiría poco después, podría salir de deudas y retirarme si me daba la gana.
Di media vuelta sobre la cama, me cubrí hasta la cabeza con el cobertor, y eventualmente empece a quedarme dormido.
Cuando me desperté al día siguiente lo primero que hice fue fijarme de nuevo en el congelador con la esperanza de que mis filetes hubieran reaparecido pero no fue el caso.
lunes, 6 de abril de 2020
domingo, 5 de abril de 2020
miércoles, 1 de abril de 2020
lunes, 30 de marzo de 2020
El búho azul III
Tomé la carpeta que me ofrecía el suplente del santo patrón de las causas perdidas y la abrí, en su interior solamente había una fotografía, cuando Sroka Zwyczajna te daba una pista solía ser poco claro pero nunca había llegado a tales extremos.
El suplente carraspeó un poco.
-Solamente estábamos preparados para que preguntara por el búho azul, el que haya pedido información de pronto por el pato gris nos agarra por sorpresa, de momento es todo lo que le podemos ofrecer. - Dijo el suplente del santo patrón mientras se rascaba las sienes.
Miré nuevamente la fotografía, era una foto tomada desde el interior de una ventana que daba a un patio donde una solitaria maceta de color blanco y azul sustentaba una planta de piña que apenas empezaba a ofrecer su fruto. Mientras la observaba supuse que debía encontrar la casa a la que pertenecía aquel patio pero en la ciudad debía haber por lo menos unas 100 000 viviendas sin contar aquellas que se encontraban en fase de construcción, además no había manera de saber el año en el que la fotografía había sido tomada, podría ser que la planta de piña ya hubiese muerto o que el patio ya no existiera o a estas alturas fuera ya irreconocible del todo, o incluso en el peor de los casos, podría pertenecer a una casa que aun no hubiera sido construida.
-De momento es todo lo que podemos ofrecerle. -Dijo el suplente adivinando mi frustración. -Si se nos ocurre algo mas le llamaremos, si se le ocurre algo mas llámenos. Como sea, gracias por su visita y preferencia.
Aquello ultimo quería decir que ya era mi hora de irme, así que tome la foto la guarde en mi bolsillo tras doblarla y deje la carpeta vacía en el escritorio.
El suplente carraspeó un poco.
-Solamente estábamos preparados para que preguntara por el búho azul, el que haya pedido información de pronto por el pato gris nos agarra por sorpresa, de momento es todo lo que le podemos ofrecer. - Dijo el suplente del santo patrón mientras se rascaba las sienes.
Miré nuevamente la fotografía, era una foto tomada desde el interior de una ventana que daba a un patio donde una solitaria maceta de color blanco y azul sustentaba una planta de piña que apenas empezaba a ofrecer su fruto. Mientras la observaba supuse que debía encontrar la casa a la que pertenecía aquel patio pero en la ciudad debía haber por lo menos unas 100 000 viviendas sin contar aquellas que se encontraban en fase de construcción, además no había manera de saber el año en el que la fotografía había sido tomada, podría ser que la planta de piña ya hubiese muerto o que el patio ya no existiera o a estas alturas fuera ya irreconocible del todo, o incluso en el peor de los casos, podría pertenecer a una casa que aun no hubiera sido construida.
-De momento es todo lo que podemos ofrecerle. -Dijo el suplente adivinando mi frustración. -Si se nos ocurre algo mas le llamaremos, si se le ocurre algo mas llámenos. Como sea, gracias por su visita y preferencia.
Aquello ultimo quería decir que ya era mi hora de irme, así que tome la foto la guarde en mi bolsillo tras doblarla y deje la carpeta vacía en el escritorio.
Me desperté en mi cama un poco adolorido por la posición incomoda en la que me había dormido, tan pronto me incorporé lo primero que hice fue comprobar el frasco de las pastillas, me quedaban dos verdes lo que significaba que si quería encontrar al búho azul y al pato gris necesitaba levantarme y hacer una llamada.
Marqué el numero que de memoria y aguarde a la grabación que me recordaba que el costo de 27 pesos por minuto mas impuestos iba a ser cargado a mi recibo telefónico bajo el concepto de "servicios varios".
-Hola lindura - La voz de mujer del otro lado de la linea hablaba despacio, casi susurrando y arrastrando levemente las silabas, daba la impresión que intentaba sonar melosa o sexy pero aunque no sonaba desagradable no conseguía el efecto deseado. -¿Quieres oírme decirte lo que me gustaría que me hagas? ¿hummm? ¿Quiere que te describa a detalle lo que estoy haciendo? ¿Qué quieres hacer travieso?
-Quiero hablar con Dios, ¿Puedes transferirme con el? - Del otro lado de la linea se hizo un silencio helado, pasó casi un minuto durante el cual no despegue mi oreja del teléfono atento a cualquier cambio en la linea, aquello no era mas que un intento por alargar la llamada y poder cobrar sus tarifas por minuto.
-Ya te transfiero con el, espera un segundo - Sonó un poco de estática del otro lado de la linea pero nada fuera de lo ordinario -Hey, cuando termines de hablar con Él, si aun quieres hablar conmigo te estaré esperando - Dijo la voz femenina e inmediatamente después escuche la voz de Dios del otro lado de linea.
-¿En que puedo ayudarte hijo?
-Dios, necesito pastillas
-Lo se, hijo - Dijo Dios - Pero antes, es mi obligación informarle que la siguiente llamada puede ser grabada y/o monitoreada para fines de mejoramiento en nuestra calidad de atención al cliente, ¿Quieres amarillas, azules o rojas, hijo?
-Verdes - respondí - Por lo menos unas 10.
-Te saldrá caro, hijo.
-Siempre lo es - Respondí como queja. En todo el tiempo que había sido cliente nunca califique para un descuento aunque había un rumor de que a veces los concedían.
-La cantidad se te cobrara directamente a tu recibo telefónico bajo el concepto de Servicios médicos del sur. ¿Aceptas el cargo, hijo?
-Acepto - Respondí.
-Entonces enviare al sujeto de la caja cuanto antes a entregar tu pedido, ahora hijo, oremos cuando termine la oración te transferiré de vuelta con Martha en la linea; padre nuestro que estas en el cielo...
-Gracias - Dije -y corte la llamada.
Todo aquello me daba dolor de cabeza y terminaba costando una fortuna.
Comí algo ligero y me vestí para salir.
Estaba dispuesto a intentar dar con el domicilio de la fotografía aun a sabiendas de que posiblemente no lo encontraría pero tampoco me apetecía quedarme en casa y aquella era una buena excusa para dar un paseo.
Marqué el numero que de memoria y aguarde a la grabación que me recordaba que el costo de 27 pesos por minuto mas impuestos iba a ser cargado a mi recibo telefónico bajo el concepto de "servicios varios".
-Hola lindura - La voz de mujer del otro lado de la linea hablaba despacio, casi susurrando y arrastrando levemente las silabas, daba la impresión que intentaba sonar melosa o sexy pero aunque no sonaba desagradable no conseguía el efecto deseado. -¿Quieres oírme decirte lo que me gustaría que me hagas? ¿hummm? ¿Quiere que te describa a detalle lo que estoy haciendo? ¿Qué quieres hacer travieso?
-Quiero hablar con Dios, ¿Puedes transferirme con el? - Del otro lado de la linea se hizo un silencio helado, pasó casi un minuto durante el cual no despegue mi oreja del teléfono atento a cualquier cambio en la linea, aquello no era mas que un intento por alargar la llamada y poder cobrar sus tarifas por minuto.
-Ya te transfiero con el, espera un segundo - Sonó un poco de estática del otro lado de la linea pero nada fuera de lo ordinario -Hey, cuando termines de hablar con Él, si aun quieres hablar conmigo te estaré esperando - Dijo la voz femenina e inmediatamente después escuche la voz de Dios del otro lado de linea.
-¿En que puedo ayudarte hijo?
-Dios, necesito pastillas
-Lo se, hijo - Dijo Dios - Pero antes, es mi obligación informarle que la siguiente llamada puede ser grabada y/o monitoreada para fines de mejoramiento en nuestra calidad de atención al cliente, ¿Quieres amarillas, azules o rojas, hijo?
-Verdes - respondí - Por lo menos unas 10.
-Te saldrá caro, hijo.
-Siempre lo es - Respondí como queja. En todo el tiempo que había sido cliente nunca califique para un descuento aunque había un rumor de que a veces los concedían.
-La cantidad se te cobrara directamente a tu recibo telefónico bajo el concepto de Servicios médicos del sur. ¿Aceptas el cargo, hijo?
-Acepto - Respondí.
-Entonces enviare al sujeto de la caja cuanto antes a entregar tu pedido, ahora hijo, oremos cuando termine la oración te transferiré de vuelta con Martha en la linea; padre nuestro que estas en el cielo...
-Gracias - Dije -y corte la llamada.
Todo aquello me daba dolor de cabeza y terminaba costando una fortuna.
Comí algo ligero y me vestí para salir.
Estaba dispuesto a intentar dar con el domicilio de la fotografía aun a sabiendas de que posiblemente no lo encontraría pero tampoco me apetecía quedarme en casa y aquella era una buena excusa para dar un paseo.
domingo, 29 de marzo de 2020
jueves, 26 de marzo de 2020
So payaso, me tiemblan los pies.
Ella me mira a los ojos y dice una excusa a medio masticar, una cadenas de palabras dichas mas que nada por la presión de tener que responderme algo. No es su culpa, en estos casos usualmente quizás por evasión, en mi intento de poner distancia emocional suelo hacerme el tonto, al final ella ha acabado creyendo que lo soy.
Me limito a repetir parafraseando lo que acaba de decirme. Su rostro cambia, en su mirada un destello delata que sabe que su excusa no es creíble y ahora sus pupilas se abren expectantes. No entiendo porque, no tiene absolutamente nada que perder, nadie tiene absolutamente nada que perder. No hay una apuesta sobre la mesa, y a la baraja le faltaban naipes desde el inicio.
Puedo volver a hacerme el tonto,
aun tengo esa opción, y entonces todo podría seguir igual. Si nadie va a perder nada, tampoco hay nada que ganar.
Ya no podemos ganar nada - Le digo. - Y esto no es un tema individual.
Señalo su mentira y ahora todo esta destruido.
Ese "todo" del que hablo era pequeño, pero era bonito.
Sea como sea, ese "todo" es honestamente fácil de reconstruir así que el drama simplemente no vale la pena, puede que esto no sea mas que un tropezón en lo que sea.
Me preocupa a veces lo fácil que es reconstruir.
Me limito a repetir parafraseando lo que acaba de decirme. Su rostro cambia, en su mirada un destello delata que sabe que su excusa no es creíble y ahora sus pupilas se abren expectantes. No entiendo porque, no tiene absolutamente nada que perder, nadie tiene absolutamente nada que perder. No hay una apuesta sobre la mesa, y a la baraja le faltaban naipes desde el inicio.
Puedo volver a hacerme el tonto,
aun tengo esa opción, y entonces todo podría seguir igual. Si nadie va a perder nada, tampoco hay nada que ganar.
Ya no podemos ganar nada - Le digo. - Y esto no es un tema individual.
Señalo su mentira y ahora todo esta destruido.
Ese "todo" del que hablo era pequeño, pero era bonito.
Sea como sea, ese "todo" es honestamente fácil de reconstruir así que el drama simplemente no vale la pena, puede que esto no sea mas que un tropezón en lo que sea.
Me preocupa a veces lo fácil que es reconstruir.
martes, 24 de marzo de 2020
El buho azul II
La recepcionista del lugar, me hizo callar con un gesto justo cuando estaba por decirle mi nombre y me indico con un dedo que caminara por el pasillo a su derecha y tocase la puerta.
Sobre la puerta, en una placa dorada decía:
Sobre la puerta, en una placa dorada decía:
Sroka Zwyczajna
Santo patron de las causas perdidas
Llamé seis o siete veces a la puerta pero no hubo respuesta. Desde su pequeño escritorio, la recepcionista se limitaba a seguir mis movimientos de manera atenta, sin apartar mis ojos de ella tome la perilla con una mano y empece a girarla lentamente esperando en parte que la recepcionista se opusiera a ello de alguna manera o me mirase a modo de regaño por abrirla sin que me hubieran invitado a pasar, pero la recepcionista ni siquiera parpadeó ni hizo algún otro gesto. Cuando hube abierto la puerta por completo volvió a sus actividades y dejo de prestarme atención.
El interior del despacho estaba tapizado con una alfombra verde botella muy vieja pero limpia y las paredes estaban pintadas de azul cielo. El despacho era bastante pequeño y tenia en el centro un escritorio cuyas dimensiones hacían imposible pensar que pudiera haber entrado por la misma puerta que yo había cruzado apenas unos instantes antes, frente al escritorio había una silla de plástico de esas que tienen el color y el logotipo de una marca de refresco y tras de si se encontraba sentado un sujeto de unos 165 centímetros de alto, cabello chino muy esponjado y por debajo de un par de cejas muy pobladas dos cuencas de ojos hundidas en el cráneo, en las mejillas cicatrices de acné y una especie de cicatriz similar a un agujero en la izquierda.
-¿Señor Zwyczajna? -Pregunté.
-No, no, ni hablar -Respondió el - El señor Zwyczajna esta de vacaciones pero me pidió a mi personalmente que lo reemplazara mientras tanto. ¿En que le puedo servir? ¿Señor?
-Pernas - Respondí mientras pensaba si no seria mejor idea aguardar a que el Santo patrón de las causas perdidas regresara de sus vacaciones.
-Se lo que esta pensando señor Pernas, y le aseguro que todo esta bajo control. -Dijo mientras extraía de uno de los cajones de su escritorio una carpeta con mi nombre completo y un numero serial. -Esta buscando al buho azul ¿No es así?
-Y al pato gris - Respondí yo.
El interior del despacho estaba tapizado con una alfombra verde botella muy vieja pero limpia y las paredes estaban pintadas de azul cielo. El despacho era bastante pequeño y tenia en el centro un escritorio cuyas dimensiones hacían imposible pensar que pudiera haber entrado por la misma puerta que yo había cruzado apenas unos instantes antes, frente al escritorio había una silla de plástico de esas que tienen el color y el logotipo de una marca de refresco y tras de si se encontraba sentado un sujeto de unos 165 centímetros de alto, cabello chino muy esponjado y por debajo de un par de cejas muy pobladas dos cuencas de ojos hundidas en el cráneo, en las mejillas cicatrices de acné y una especie de cicatriz similar a un agujero en la izquierda.
-¿Señor Zwyczajna? -Pregunté.
-No, no, ni hablar -Respondió el - El señor Zwyczajna esta de vacaciones pero me pidió a mi personalmente que lo reemplazara mientras tanto. ¿En que le puedo servir? ¿Señor?
-Pernas - Respondí mientras pensaba si no seria mejor idea aguardar a que el Santo patrón de las causas perdidas regresara de sus vacaciones.
-Se lo que esta pensando señor Pernas, y le aseguro que todo esta bajo control. -Dijo mientras extraía de uno de los cajones de su escritorio una carpeta con mi nombre completo y un numero serial. -Esta buscando al buho azul ¿No es así?
-Y al pato gris - Respondí yo.
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